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Por un plato de lentejas

En el colegio me enseñaron que un tal Jacob le cambió la primogenitura a su hermano Esaú por un plato de lentejas. En la mente de una niña pequeña bastante espabilada como era yo, pero tremendamente ingenua, se mezclaba la percepción del hambre que tenía Esaú para aceptar el trato, la duda sobre qué era un primigenitura y los relatos de mi padre sobre las penurias que pasaban en la postguerra.

De noche mi madre nos daba bistec con papas fritas o huevo para cenar porque “nos hacían falta las proteínas”, y mi padre pensaba que si yo me alimentaba mejor que él posiblemente rompería la maldición de la baja estatura que heredamos de nuestros ancestros de La Aldea de San Nicolás.

Los adultos que fueron niños con carencias alimentarias nos querían inflar a proteínas, los médicos les decían que necesitábamos carne, lacteos y huevos a diario para romper la maldición del país casposo y tísico en el que ellos vivieron.

Ahora que los niños con sobreingesta de proteínas somos mayores tenemos otros mitos, ciertos o no. Ayer discutía con una compañera de yoga sobre la leche, para ella era veneno puro, yo le decía que cada cuerpo, cada genética, es un mundo y lo que a nosotras no nos servía a otras personas les podía ir de maravilla, pero era como hablar con un médico de los años 70, con los manuales de moda bien aprendidos.

Hoy me he comido un humilde plato de lentejas para almorzar, sencillo y vegetariano, con cebolla, calabaza, cominos, ajos y aceite de oliva. Lleno de proteínas vegetales, pero también de fibra y hierro. He recuperado el placer de comer sin juzgar si es bueno o malo, simplemente estaba delicioso, me reconfortó con la vida en un momento en que las cosas se tuercen.  Entendí que, como Esaú, yo también sería capaz de vender mi primigenitura por semejante experiencia.

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Un pensamiento en “Por un plato de lentejas

  1. vaya, estaba esperando tu próximo escrito. y realmente, me has leído el pensamiento. ya que en estos días le daba yo vueltas a eso de la comida con la que me criaron, la que me ha gustado a veses y la que casi nunca me gustó. las lentejas no fueron de mis preferidas. pero lo que tu relatas lo he sentido profundamente en estos días y en otros momentos de mi vida con los frijoles o con los revogados de judías de toda la vida…

    te acuerdas de las latas de mortadela?? eran consideradas un manjar en mi niñez, fritas en rodajas con papitas…Ahora me parese un terror!jeje

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